Estamos en tu casa cocinando con tus hermanos. Cada tanto hablamos de vos, te pegás a una frase, se hace un silencio raro y alguien lo corta. Es eso: todo cortado. De la confusión. Te nos venís generalmente en sonidos: tu manera de reír y de pronunciar ciertas frases, sobre todo nombres. Es una imagen fija que no retrocede. No sé qué quiero entender, la calidez con que las cosas de repente pierden su significado. Ayer el cielo se puso rojo y yo pensé en vos y en el día en que te fuimos a enterrar. Después de cerrar el cajón, con los chicos subimos por las escaleras y nos quedamos mirando las plantas incrustadas en los pasillos. Tu hermano dijo que nunca había prestado atención a la construcción del cementerio. Yo tenía la nuca apoyada en el hombro de una de tus hermanas, hacía mucho frío pero el sol nos daba en la frente y fue en ese momento en el que cada uno estaba decidiendo en qué auto subir para volver a casa que yo quise que todo se quedara quieto.



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